Parte I, ver entrada anterior. Ciertamente hay una ruptura dado con el paso del tiempo respecto el racionalismo clásico y el individualismo clásico visto con ese mismo racionalismo, pero esta serie de movimientos demuestran que se crea, a escala underground (“bajo tierra” o al margen, traduciendo) y un poco minoritaria, nuevas formas de racionalizar. Algunas quizá más emocionales, otras más racionalistas y revisionistas o retrospectivas, o más cosmopolitas. Hay variedad, pero es interesante observar esa variedad de visiones éticas.
La ética y la visión del mundo ya no sólo la construyen pensadores de renombre, aunque contribuyen enormemente a ello. Ahora lo dibujan varias personas, varios miembros, apoyándose tal vez en experiencias propias, colectivas, o en una combinación de ellas. Los individuos que, a nivel ético, sientan simpatía o relación con estos movimientos contraculturales o no, por decisión voluntaria, aportan su visión, sea en nombre propio construyendo esa ética o éticas alternativas, o bien en nombre colectivo.
Y ahora, en esta crisis general que observa el mundo, ese vacío caótico aparente llamado impasse por algunos, estos movimientos aparecen manifestados con mayor fuerza tal como han sido retratados al inicio de este ensayo. Surgen como el magma al abrirse una falla.
Pero además porque son críticas al modelo anterior, pero no siempre excesivamente radicales. Movimientos llevados no por clases sociales, ni económicas, ni castas. Sino sencillamente por la elección de unas microcorrientes, abandonando la rigidez de las exigencias sociales para sentirse como uno quiere representarse, pero sin estar separado del todo de la cultura y la sociedad.
Es aquí donde se debe romper con ese modelo de tribu urbana, porque no corresponde con la realidad. Puede tener otro significado, pero sigue siendo una idea muy difundida, una creencia. Sí que es cierto que en algunos aspectos de la teoría, sociológicamente, aciertan, pero no sirve ese modelo.
No son sociedades cerradas, aunque es posible que algunos miembros teman a la desvirtuación con la entrada libre de cualquier miembro, a una mayor heterogeneidad.
No son pretensiones, estos movimientos llamados de tal forma, a distanciarse de la sociedad, ni pretensiones de crear “pequeñas utopías” totalmente aisladas con unas estéticas y éticas derivadas de esas intenciones, con su solidaridad y mente colectiva.
Son reacciones o críticas a diversas problemáticas que pueda presentar la cultura y sociedad tan masiva y pretendidamente unificada que se manifiestan bajo estéticas que se generan casi instintivamente bajo una mínima ética, o al menos una visión que las dibuja. Estas estéticas y pequeñas éticas, más o menos maduradas, pueden derivar a interacciones sociales especiales en algunos casos, pero en el fondo no son más que superficialidades entre grupos de amigos o conocidos que sigan una estética o movimiento propiamente. De hecho, los movimientos contraculturales o microtendencias reaccionarias no pueden estar divorciados de la sociedad y cultura por el simple hecho de que están respondiendo a alguna problemática de éstas, y el sustrato es tomado de las mismas.
Sí que es cierto que pueda haber miembros que refuercen la importancia a pertenecer a cierto movimiento hacia el exterior, especialmente en aquellos movimientos que actúan bajo bandas o grupos restringidos de conocidos, pero por lo general la mayoría practican cierto sincretismo entre varios movimientos que muestran ciertas analogías, o con la misma sociedad: ni lenguajes extraños y diferentes a ésta, escuchan cierta variedad de música, mezclan diversas tendencias relacionadas...
El quid de la cuestión yace, posiblemente, en que estos movimientos son vistos por una sociedad que se resiste a aceptar el cambio. La idea y sensación de descohesión ideológica y formal, y el abandono de algunos miembros de un mismo camino de avance, perceptible en esa manifestación, la sensación de desmembración social; debe crear todo en conjunto una susceptibilidad e incomprensión del fenómeno, de lo visto hasta entonces en la Historia, que para algunos incluso de por sí, es una rebelión y es violento.
Pues, este fenómeno, que aunque en este ensayo se ha tratado de entender en el contexto actual de forma breve, de una forma diferente, es aun así más irregular, más plural, más complejo. Pero explica esta pluralidad de visiones y de creatividad estética, el declive de la masa social que estamos viviendo.
Un fenómeno donde prevalece superficialmente pero con fuerza la expresión estética como forma de representarse, pero por debajo se construyen pequeñas fuerzas que empujan aparentemente en diversas direcciones, y parecen acabar desembocando hacia grandes ríos no tan populares y mundanos, desembocando en esta época tan especial que algunos prefieren llamar “transmodernismo” o situación de impasse. Aunque estoy segura que este tipo de movimientos siempre han existido durante toda la Historia en este tipo de situaciones adaptados a cada época.
Bibliografía
· COSTA, P. O.; PÉREZ, J. M.; TROPEA, F. Tribus urbanas: el ansia de identidad juvenil: entre el culto de la imagen y la autoafirmación a través de la violencia. Paidós. Barcelona: 1996.
· MADRID, D.; MURCIA, J. Tribus urbanas: ritos, símbolos y costumbres. Arcopress. 2008.
· MAFFESOLI, M. El Tiempo de las Tribus. El declive del individualismo en la sociedad de masas. Icaria Ed. Barcelona: 1990.
· MARTIN, P. Postmodern Motifs and Ambience in Cyberpunk Films.2000. En Project Cyberpunk [recurso online]. Última visita 24 de enero de 2011