miércoles, 22 de febrero de 2012

Pasado, retro, y siglo XXI





La nostalgia y el deseo de retornar a pasados no vividos es una constante que podríamos decir histórica. Desde Virgilio con su deseo de volver a la bucólica Arcadia, un teórico pasado de la humanidad romana, pasando por el Renacimiento, hasta los movimientos más contemporáneos como lo que ahora han llamado en algunos medios “new traditional”.

Como veremos, no se trata de un solo movimiento, sino de diferentes tendencias culturales que llevan creciendo y manifestándose desde hace unas décadas o renaciendo desde tiempos inmemoriales adaptadas a los nuevos tiempos.


En pleno 2011 pudimos ver como la radio más comercial intercala música retro, tal como las versiones de los The Baseballs al estilo rock & roll de los años 50, o como Caro Emerald triunfaba con su electroswing, así como Caravan Palace con el electrojazz manouche. Y en 2012 una joven cantante talentosa de estilo también retro ganaba grammys.

Las revistas de moda se llenan de colecciones con fecha actual pero con diseños que podríamos fechar entre los años 20 y los 90 con toques modernizados, e incluso se llenan de artículos con recomendaciones para ir a comprar correctamente moda vintage en tiendas y rastrillos. Y los coolhunters con más repercusión explican que lo retro y vintage es moderno. Ni el mismo David Lowenthal habría dado crédito de esta contradicción hace unas décadas cuando escribió “El pasado es un país extraño”.

Emmy Rossum vestida de Ralph Lauren. Fuente: Realstylenetwork.com



Y enumeraré un poco más, hasta los propios jóvenes comienzan a apreciar valores que teóricamente se han perdido con los “tiempos modernos”. Por ejemplo tradiciones, habilidades técnicas que deberían ser básicas para un homo sapiens sapiens, tales como cocinar, coser, y reparar cosas cotidianas, o incluso habilidades culturales como danzar en pareja por diversión.

El hecho de que los movimientos y tendencias retrospectivas tengan fuerza o presencia en la década casi y media que llevamos de siglo XXI –lo cual es poco- es innegable. Y esto nos llama la atención a todo tipo de analistas y estudiosos. ¿Falta de inspiración y creatividad? Esta es una de las teorías más populares. Pero si se analiza donde recae todo este “retrospectivismo” se puede sospechar que no es exactamente un bloqueo occidental de creatividad, sino justo lo contrario.

Como en otras ocasiones de la historia, como podríamos observar en el Romanticismo y más concretamente en las escuelas de Viollet-le-Duc, y las de Ruskin, o los movimientos prerrafaelitas, estamos ante una nostalgia colectiva, pero actualmente nuestro retrospectivismo nostálgico es diferente, está adaptado a nuestros tiempos y necesidades socioculturales más íntimas.

Hace un siglo nuestra visión colectiva del futuro era optimista, brillante, y basada en la tecnociencia. La utopía humana se situaba en el futuro, respecto a otras épocas que se situaban en el más allá, en mundos inalcanzables, o en mundos pasados.[1]

Imagen futurista de 1900. Fuente: Paleofuture


Comenzaron las guerras mundiales y otros desastres antrópicos horribles, donde la ciencia y la tecnología tenían algún tipo de participación y parecía que la humanidad, como conjunto de virtudes y sensibilidades desaparecía en detrimento de las “necesidades”, intereses y la “razón” liberal.

Entonces el futuro ya no tenía un aspecto tan esperanzador, y se añadían cada vez más motivos, como el descubrimiento de las transformaciones climáticas por acción humana (con la que parece que nos hemos abandonado al pasotismo suicida), y la cultura consumista cada vez más voraz que las corporaciones y elites económicas querían y quieren imponernos como base de la economía, que suponía muchas desventajas para la humanidad.

Así, es natural que después de las revoluciones de finales de la década de los años 60 aparecieran todo tipo de “futuros negros”. ¿Qué queda? El pasado, hallar el momento en que aun las cosas, a nuestro parecer idealizado, funcionaban mejor.

Observar el “mainstream” o la cultura popular puede ser interesante. Ya en el inicio hemos citado ejemplos claros y actuales. Pero el mainstream ya no se puede estudiar como un ente orgánico propio en los aspectos “retro”, ya que la clave está en sus márgenes.
La industria de la moda ya no puede dictar qué tendencia se lleva, son los individuos los que marcan las muchas tendencias paralelas. Y lo mismo está pasando en la música, citando los ejemplos más marcados en nuestra cultura popular.

Hasta entrada la pasada década, lo “underground” o alternativo se marcaba en subculturas o lo que hasta entonces se etiquetaba de “tribu urbana”, y en pequeñas y grandes tendencias marginales y urbanas. Muchas subculturas y todo tipo de movimientos marginales funcionaban “aparte”, y de forma realmente contracultural, respecto lo que el mainstream o cuerpo principal obligaba, por desacuerdo o disconformidad. La comunicación entre ambas corrientes era más unilateral que recíproca, donde los movimientos alternativos actuaban según lo que el cuerpo principal marcaba.

A medida que la disconformidad (y la indignación también) crecían respecto al mainstream y la sociedad, la conexión y comunicación fue cada vez más bilateral entre la “cultura dictada” y lo marginal, hasta el punto de que ha y está sucediendo lo que en otras épocas de impasse y/o crisis ha pasado: el mainstream o cuerpo cultural principal necesita beber de lo que se genera alternativamente para retroalimentarse y crecer. No tiene nada de negativo, es algo natural. Volvamos al ejemplo del Romanticismo y como hacia el segundo tercio del siglo XIX era un movimiento popular –hasta un estilo estético.

Tras estas divagaciones de índole más bien sociológica, se expresa la idea de que lo retro estaba ya desde finales del siglo XX. Subculturas como los Teddy Boys, Rockers y Mods que partieron de finales de los 50 y principio de los 60, se han quedado relativamente estancados en los mismos principios de sus raíces. Ya en los 80 aparecieron movimientos, como el gótico, que revaloraron estéticas del pasado, desde su propia perspectiva.

 Fuente: http://idasdeolladeunrocker.blogspot.com/

En algunos países occidentales, desde los años 60 y 70 como se recoge excelentemente en el libro ya citado de Lowenthal, muchas tendencias kitsch, los revival, los recreacionismos y el aprecio por lo vintage y las antigüedades han ido in crescendo de forma paulatina. Todos estos movimientos se han desarrollado y manifestado de forma independiente e interdependiente entre unos y otros. Que en la década 2000 se manifestara de forma muy popular en casi todas las esferas, pues, no es de extrañar. Estaba en muchas tendencias alternativas, estaba ahí.

Además, desde finales de la década pasada hemos visto el resurgir del interés por valores y formas de entretenimiento perdidas por la tecnificación (en todos sus aspectos) y el posmodernismo, tales como la caballerosidad, y el bricolaje.

La constante desmoralización, la pérdida de contenido respecto al continente, junto a todo lo mencionado, incluyendo la visión de “futuros negros” hace que miremos, por un motivo u otro nuestro pasado. Pero aportando algunos elementos ganados, tales como una mayor igualdad de actividades entre géneros, o algunas máquinas que nos facilitan algún trabajo o afición.

Frente a la pérdida de valor nutricional y gastronómico en nuestra época de stress tecnificado, vuelve el interés por la gastronomía local y mundial, por la repostería y por las recetas y remedios de la abuela.

Croquetas de la abuela. Fuente: enciclopediadegastronomia.es


Frente a ropa y complementos de mala calidad, efímera y toda igual (sólo hay que comparar cuanto resiste el traje del abuelo, y el traje comprado para hace tres fines de año en una multinacional de “prêt-à-porter”…), se une a la costumización del “Do it yourself” impulsado desde el punk de los 70 con el retorno de las clases de costura y confección, lo que conlleva un mejor aprecio por la moda artesanal. También está incrementándose el número de aficionados al ganchillo y a las dos agujas, incluyendo hombres.

 Fuente: dipity.com

Frente a las propuestas de entretenimiento de las televisiones populares, de la pérdida de la diversión en pos del flirteo express en discotecas, y de la música “random” que nos machacan en las radios comerciales, vuelven las clases de lindy-hop (swing), la gente se interesa por estilos musicales de antaño que entonces fueron populares como el jazz, se descubren películas y series antiguas,…

 Fuente: el fantástico trabajo fotográfico sobre Swing de Núria Aguade

Podríamos continuar citando en tantos ámbitos, que sería una lista muy extensiva. Todo esto sirva para entender qué se busca en el pasado. Crece el interés por aspectos y elementos del pasado, si bien no tanto por la Historia en sí, aunque da la sensación que algunas revistas de Historia, blogs y webs incrementan sus visitas, así como aquellos que combinan, por ejemplo, contenidos como el patronaje victoriano y anécdotas o datos históricos.

Por otro lado, en muchas de estas acciones se ha observado un interés de bien ecológico y cultural, que hace por un lado reciclar y revalorar lo que hasta ahora considerábamos “basura” según la cultura consumista, y por otro, gracias al entendimiento de los métodos y procesos de creación artesanal y artística, se valoran mucho más las artes y artesanías tradicionales. Etsy es una plataforma de venta de artículos artesanales y  materiales para manualidades que crece.

De hecho, podría evaluarse la situación como irónica, pues parece el “hecho retro” en una esfera diferente, respecto al aumento de series y películas de ambientación o contexto histórico y además de gran presupuesto, como Espartaco: Sangre y Arena (2010- ), Downton Abbey (2010- ), o la serie de fantasía medieval Juego de Tronos (2011- ), basada en la serie de nóvelas homónimas. O qué hablar de películas tan puramente nostálgicas y recientes como Super8  (2011, J. J. Abrams) o The Artist (2011, Michel Hazanavicius), una película muda -versus la tecnología 3D- con una estética y contexto estrictamente de los años 20 que homenajea los orígenes del cine y de la industria de Hollywood. Pero la explicación de este creciente interés de productoras y espectadoras recae de nuevo en este mirar nostálgico y evasivo del presente, hacia atrás, en vez de la expectación en el futuro.

 Captura de la película "The Artist"

Todas estas actividades y sentimientos son llevados a cabo o impulsados especialmente por jóvenes entre 15 y 35 años estas dos décadas, con interacción de individuos de todas las edades, sin duda.

Pueden llevarla a cabo de forma individualista o colectivamente, y caer en aspectos y visiones retrospectivas muy delimitadas y concretas, o más generalistas. Pongamos por caso algunas contraculturas que se fijan en aspectos estéticos, como podríamos decir la ya en declive Lolita japonesa, inspirada en las estéticas rococó y victorianas.

O ese nuevo fenómeno con nombre de estilo interiorista “New Traditional” –tradicional nuevo- que en realidad son los old chaps británicos, tiene un sentido muy individualista –cada individuo escoge como y en qué grado lo lleva a cabo y no tiene necesidad de sentirse o llamarse “New Traditional”- y colectivo –conlleva la realización de algunas actividades en grupo.

Una de las portadas de la revista "Chap". Fuente: Fogeyunlimited.co.uk

Se puede tomar desde un punto de vista completamente inconformista del presente y la sociedad, totalmente contracultural, hasta desde un punto de vista totalmente nostálgico, “las cosas ya no se hacen con el mismo gusto de antaño…”

Podríamos hablar de tendencias concretas, como la transición del interés por los años 50 de la década anterior, a los años 20 y 30 de estos dos últimos años, del sinfín de subculturas concretas y qué aspectos les interesan del pasado, de las ingentes cantidades de creaciones artísticas y artesanales con técnicas y estéticas retro y antiguas, del insólito movimiento retrofuturista, que más que una estética, propone una relectura del pasado a través de la ciencia-ficción y la reelaboración de éste, del retorno de la fotografía analógica y la lomografía, de las tendencias alternativas más concretas, o incluso de esta pervivencia de los años 80 y el resurgir sorprendente de los criticados 90, etcétera. Y podría escribir un libro sobre ello. De hecho, de todo lo propuesto hasta aquí.

Pero el interés de este texto está en aportar una pequeña explicación –casi cuantitativa a este ritmo- sobre el sentido de lo retro, y una mayor comprensión. Sobre todo, comprensión.

No es signo de estancamiento, se trata de propuestas para seguir adelante y vivir el presente de forma más constructiva, y recoger lo que creemos se nos ha caído por el camino, o retomar pasados más o menos idealizados.

Algunos comienzan a sospechar que los abuelos tenían razón cuando decían “en mis tiempos se vivía mejor”. Otros, con mayor conocimiento histórico, saben que tenemos unas cuantas ventajas, como por ejemplo mayor saber médico. Pero vivir sin casi moral, sin apenas valores, y sin quehaceres con contenido y utilidad (¡qué útil es acabar una bufanda y además hecha por uno mismo!), sabiendo que antaño se tenían más o menos, es más complicado como seres sociales y culturales que somos.

Así pues, lo retro seguramente no es estar pasado de moda, ni estar falto de imaginación, es reelaborar puntos anteriores y fortalecer estructuras, símbolos, costumbres y estilos de vida. Y si “está de moda”, como hemos visto, significa algo, la sociedad busca su propio remedio instintivamente, tarde o temprano, independientemente que sea o no el mejor método para los más críticos. Si nos vieran nuestros antepasados futuristas de 1910, no darían crédito a nuestro retorno a ellos.


[1] CLAEYS, G. Utopía. Historia de una idea. Siruela. Madrid, 2011.

5 comentarios:

  1. es normal que esté de moda lo retro porque en verdad, nunca dejó de estarlo, sencillamente se puso de moda el consumismo draconiano por un tiempo (20 años, históricamente, no es ná)y la enorme regurjitación de productos del momento no podía durar en una tendencia tan exponencial, visceral y falta de miras como tenía... por eso, es vital que interpretemos este reconocimiento de las virtudes del pasado también a un nivel sociopolíticoeconómico. el planeta, incluyendo la gente, está cansada de vivir tan enfocada a la inmediatez. pensemos en lo bueno que ya sabemos del pasado y combinémoslo con un ojo al futuro, para disfrutar el presente omnipresente.

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  2. por cierto, primens!
    reporcierto... se me ha ido la pinza a cancún! O_o;;

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  3. No se puede sentir nostalgia de tiempos que uno no ha vivido. Pero sí que se puede readaptar y reinterpretar símbolos, estéticas y estilos de vida, a los tiempos modernos.
    Me he considerado militante de la escena mod durante muchos años, pero eso no significa que hubiese preferido vivir mi juventud en el 63.
    Uno adapta aquello que más le gusta de una subcultura y lo vive de la forma más apasionada que pueda.

    Felicidades por tu reflexión.

    Escarles Johansson (Vivir Modernamente)

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  4. Hola Escarles!

    Tu comentario es harto sugerente! Estoy totalmente de acuerdo que nostalgia y tratar de "rescatar" aspectos del pasado, sean estéticos o éticos, pueden estar separados

    Pero sobre la nostalgia del pasado, hace años tenía la misma idea: es imposible tener nostalgia de algo que no se ha vivido. Pero discrepo sobre ello ahora.

    En la tesis de Lowenthal, una gran inspiradora, mediante argumentación, explica que insólitamente algunos consiguen un tipo de nostalgia por tiempos no vividos.

    Citando "La nostalgia despierta el apego hacia tiempos que nos son incomprensibles en la misma medida que hacia cosas que hemos experimentado". p.33.

    "La mayor parte de nosotros sabe que el pasado no fue así en realidad. La vida de entonces parece más brillante no porque las cosas fueran mejor sino porque nosotros [o nuestros antepasados]vivíamos más intensamente cuando éramos jóvenes. Hasta el mundo adulto de antaño no refleja la perspectiva de la niñez." p. 33-34.

    Podríamos denominarla, tal vez, como un caso de nostalgia impuesta por tiempos no vividos pero idealizados a los que se le asocian emociones y sensaciones que creemos que en nuestro presente ya no existen los estímulos que nos condicionen o creen dichas sensaciones y experiencias agradables.

    El libro que cito es LOWENTHAL, D. El pasado es un país extraño. Akal:Madrid, 1998. Lo recomiendo a todo el que esté interesado en comprender movimientos historicistas, retros y revivals :)

    Un placer por cierto iniciar la reflexión contigo, ¡repitamos!

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  5. Brunny, interesante reflexión. Hablamos :)

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